Absolutos. La culpa

Dr. Richard Hays

Notas del mensaje



En Romanos 3-23 dice: “…pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios…”Para explicarte mejor este pasaje, déjame usar una ilustración: Yo le pregunto a un grupo de personas ¿Venden Mercedes Benz aquí en esta ciudad? Ellos contestan: ¡Sí! Yo pregunto ¿Ustedes tienen un Mercedes Benz? Ellos contestan: ¡NO! Yo pregunto ¿Por qué no tienen un Mercedes Benz si aquí los venden? Ellos contestan: Porque no tenemos los recursos para comprarlo. Este coche está disponible para que cualquiera lo pueda obtener pero, quien no tiene los recursos no puede acceder a él. En el mismo sentido, Romanos 3-23 dice que la gloria de Dios, la vida de Dios, la relación con Dios, los efectos de la relación con Dios están disponibles, pero la razón por la que la mayoría de la gente no la tienen es porque no tiene los recursos para obtenerla.


En el capítulo 3 de Génesis dice que Adán vive en la imagen de Dios y por vivir así tenía muchos privilegios:


  • Relación con Dios.

  • Cielo abierto.

  • Autoridad y poder.


Pero cuando Adán pecó fue separado de Dios y todos estos privilegios también se perdieron.


Tanto la Biblia como la física nos enseñan que la vida está fincada sobre principios de “causa y efecto”, es decir, hay cosas que provocan ciertas consecuencias, por ejemplo: “La ley de la gravedad” (todo lo que sube tiene que bajar) la causa sería aventar un lápiz hacia arriba, el efecto será verlo caer al piso. La ley de la gravedad es ciega, no importa que sea lo que se lance (un lápiz, una pelota, una persona) todo va a caer.


La construcción, las matemáticas, la naturaleza; están fincadas sobre principios de causa y efecto, toda nuestra vida está fincada sobre principios de causa y efecto. Hay algunos sinónimos que me gusta usar para referirme a estos principios: Leyes inmutables, absolutos y principios universales; estos principios funcionan creas o no creas en ellos, pero aunque tú no creas en ellos, no podrás evitar sus efectos.


Estos absolutos gobiernan tanto el mundo visible como el mundo invisible. Yo nunca he visto un virus pero si he estado enfermo como consecuencia de uno de ellos. Pero la ciencia basada en principios de causa y efecto, nos proporciona ciertos medicamentos para combatir los virus. Las bacterias tampoco las vemos pero cuando tenemos diarrea puede ser una consecuencia de estas bacterias. Pero con un medicamento (basado en principios de causa y efecto) podemos combatirla.



En el mundo invisible también hay un grupo de leyes que llamamos leyes morales que han resultado ser igual de inmutables que cualquier otra ley visible.


La Biblia dice: “…1el alma que peque debe morir…” es decir, si rompes una de estas leyes morales la consecuencia inmediata es la separación de Dios, Dios es la fuente de la vida y si te hayas separado de la fuente de la vida, morirás.


Toda la raza humana se encontraba separada de Dios, por eso vino Jesucristo, para deshacer esa obra de Satanás y que así nosotros pudiéramos volvernos a Dios. La Biblia dice: “…2Todos han pecado…”, todos hemos roto leyes inmutables o absolutos de Dios. Cuando Adán pecó hubo un efecto inmediato y un efecto tardo. El efecto tardo fue su muerte física y el efecto inmediato fue sentir culpa ¿Tú has sentido culpa? ¿Cómo se siente la culpa? ¿Estás animado cuando sientes culpa? ¿Estás sonriendo cuando sientes culpa?


Uno de los efectos inmediatos al romper un absoluto es la culpa; muchas veces no logramos entender la magnitud de la culpa, por eso voy a explicarte un poco más de esto: En el capítulo 5 de Números dice que si un hombre sospechaba que su esposa le había sido infiel, la llevaba ante el sacerdote y este le entregaba una confesión de fidelidad, ella leía la confesión, juraba que era verdad y declaraba su inocencia. Luego el sacerdote tomaba una pisca de tierra del altar y la ponía dentro de un vaso con agua, el cual le daba a la mujer para que lo bebiera (la tierra era la que estaba alrededor del altar, con restos de animales, sangre, cenizas; los animales que se sacrificaban eran del campo y la mayoría de las veces traían excremento en las patas) ¿Te imaginas la cantidad de bacterias que había dentro de este vaso con agua?


Si la mujer era inocente, si no había sido infiel, nada le pasaba, pero si era culpable al cabo de tres días ella se enfermaba de una infección muy agresiva, tanto que algunos teólogos dicen que la mujer quedaba estéril. La pregunta aquí es ¿Qué provocaba que una mujer se enfermara y otra no? La respuesta es “La culpa”


Cuando tenemos culpa comprometemos nuestro sistema inmunológico, que es el que se encarga de defender a nuestro cuerpo de las enfermedades; ¿Te das cuenta? La culpa desarma al sistema inmunológico para que no pueda combatir a las enfermedades. Una vez le pregunté a un amigo mío que es cardiólogo: ¿Qué porcentaje de las enfermedades en el ser humano tienen su origen psicosomáticamente? Y él me contestó: 90% de las enfermedades; yo me quedé muy sorprendido porque por nuestra forma de pensar, nuestras conclusiones determinamos nuestro estado físico.


Hay personas que se sienten muy culpables por haber concluido que verdades o principios de la Biblia no tienen importancia, como el hecho de que una pareja se forma entre un hombre y una mujer, así fue diseñado por Dios, pero si yo concluyera que un hombre puede estar con un hombre y una mujer puede estar con una mujer, estaría violando el diseño de Dios y, por consecuencia, violando absolutos universales. Muchas personas que han concluido así y que han violado este absoluto han comprometido su sistema inmunológico mediante el SIDA.

Violar estas leyes inmutables es la base legal a través de la cual llegan las enfermedades pero en el momento en el que nosotros ponemos nuestra mano sobre el cordero, que es Jesucristo (como en la fiesta de la pascua), confesamos nuestro pecado y recibimos el perdón de Dios, toda la culpa y el auto rechazo es puesto también sobre Jesús y el cuerpo humano comienza a funcionar como fue diseñado que funcionara.


Yo te aconsejo que si tú has roto algún absoluto de Dios, pongas tu mano (simbólicamente) sobre Jesucristo y repitas esta oración:


Padre, yo reconozco que te he desobedecido y que he violado tus absolutos, te pido que me perdones, pongo mi culpa y todas las consecuencias de esta culpa encima de Jesucristo, mi Redentor, ahora yo he quedado sin pecado, sin culpa y a partir de este momento mi cuerpo comienza a resistir a las enfermedades tal como fue diseñado por ti desde el principio. ¡Amén!




Cuando confesamos nuestros pecados, Dios borra la culpa que había en nosotros y el sistema inmunológico comienza a funcionar tal y como Él lo diseñó.


Una mujer de nuestra iglesia trabajaba en el Hospital Universitario, ella tenía contacto con las personas que se estaban haciendo análisis para detectar si habían contraído el SIDA; un día yo le pregunté: ¿Hay alguna diferencia en el desarrollo de esta enfermedad entre las personas que se han contagiado accidentalmente y las que se han contagiado por inmoralidad? Ella contestó ¡SÍ!; en el cuadro de la persona que ha sido inmoral la enfermedad se desarrolla mucho más rápido. Me quedé muy sorprendido porque yo sabía que si alguien había decidido vivir en inmoralidad estaba rompiendo absolutos establecidos por Dios y la consecuencia inmediata de hacer esto es vivir con culpa.


En Génesis capítulo 4 también se habla del poder que tiene la culpa en la vida de las personas; vamos a situarnos en el contexto de este pasaje: El altar es un lugar que simboliza el intercambio, pues el oferente presentaba a un animal sin defecto e inocente (el cual representaba a Jesucristo), ponía sus manos sobre el animal confesando todo sus pecados, los cuales eran transferidos al animal y la inocencia del animal era traspasada al oferente.


Cuando Adán y Eva pecaron Dios lanzó la primera profecía, en Génesis 3-15 “…Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón…” básicamente Dios le está diciendo a Eva: Vas a tener un hijo y esta serpiente que provocó tu tentación también intentará dañarlo (como te daño a ti) sólo le picará el talón y tu hijo le aplastará la cabeza y lo derrotará. Estas eran buenas noticias para Adán y Eva pues era una esperanza para ellos de volver al estado que habían perdido. Pasa el tiempo, Eva queda embarazada y cuando su hijo nace lo llama Caín que significa “Lo tengo”; esto nos deja entender que Eva creía que este hijo era el Libertador, el Mesías quien vencería al enemigo (la serpiente). Se hace una pequeña fiesta para celebrar la llegada de su libertador. El tiempo sigue pasando y mientras que Caín iba creciendo era muy obvio que él no era el libertador.


Eva estaba muy desilusionada y su esperanza estaba decayendo. Vuelve a quedar embarazada, cuando este segundo hijo nace lo llama Abel que quiere decir “Vanidad” o “Nada”, pues ella había concluido que si Caín no era su salvador, Abel tampoco lo seria. Caín y Abel crecen; un día ambos van al altar de Dios a presentar sus ofrendas, Caín presenta una ofrenda de sus manos, de su trabajo, esperando que este esfuerzo suyo sea suficiente para que Dios perdone sus pecados y poder volver su vida al estado original, pero su ofrenda no era suficiente para restaurar las cosas, recuerdas lo que el altar representa; es el lugar del intercambio, donde se sacrificaba a un cordero que simbolizaba a Jesucristo; pero Caín no está haciendo esto, él está presentando sus propios esfuerzos.


Imagina que tú quieres comprar una casa de $5; 000,000, pero solo tienes $500,000, así que vas con el dueño de la casa y con una cara larga y voz quejumbrosa le dices: Señor, quiero comprar su casa; él contesta: Yo no estoy vendiendo mi casa, pero dime ¿Cuánto me ofreces por ella? Pones la cara aún más larga y lloriqueando le contestas: He trabajado mucho, he trabajado tanto que mis manos están llenas de callos y mis pies tienen ampollas, he perdido mucho peso de tanto sudar y he juntado mucho dinero por eso quiero comprar su casa; el hombre contesta, intentando ser paciente: Te entiendo, pero ¿Cuánto me ofreces por la casa? Tú contestas, tengo medio millón de pesos. El hombre se sorprende y molesto te dice: ¿Medio millón? Esta casa vale $5; 000,000 ¿Cómo te atreves a ofrecerme solo eso?


Esta es la misma situación de Caín delante de Dios, tal vez está ofreciendo su mejor esfuerzo, pero no es suficiente; la persona religiosa que vive cerca de tu casa, tu tío, tu abuelo, tal vez son sinceros, pero su esfuerzo sincero no es suficiente para restaurar su estado delante de Dios. Cuando Caín vio que su ofrenda no fue aceptada, decayó su semblante, se puso muy triste y se ensañó contra su hermano Abel. Caín entró como en un espiral hacia abajo: Se puso triste, comenzó a sentir rechazo, inseguridad, depresión, comenzó a culpar a otros y se ensañó contra su hermano. La ofrenda de Caín no fue suficiente para ser perdonado; había culpa en él; cuando la culpa está en nosotros por mucho tiempo, van aumentando sus efectos hasta llegar al efecto final que es violencia hacia si mismo o violencia hacia otros. Podemos intentar culpar a otros por lo que nos está pasando pero, si ellos no son responsables de lo que nos sucede, la culpa volverá a nosotros pues fue producida por haber violado estatutos de Dios, pero cuando vuelve es aún más intensa, pues nos sentimos culpables por haber culpado a alguien inocente.


Llegó el momento que Caín se sentía tan culpable que se puso violento y mató a su hermano. El nombre de Caín solía determinar su corazón ante Dios, pues su actitud era: “Yo puedo” “Yo tengo algo” “Merezco por mis esfuerzos”. Las iglesias han fallado en ayudar a la gente a tratar con su culpa; Jesús decía “…Venid a mi todos los que están trabajados y cargados y yo os haré descansar, tomad mi yugo y aprended de mi…”


En el otro lado de la historia vemos a Abel, a quien su nombre también determina su actitud hacia Dios. Él también se presentó ante el altar de Dios, pero sabía que había violado los estatutos y que no era digno de estar delante de Él. Así que ofreció un cordero, puso su mano encima de este animal y confesó uno a uno sus pecados y brindó la vida de aquel cordero en lugar de la suya. Abel pudo entender que estaba restaurando su estado; que ahora era 100% aceptado por Dios, que su culpa había sido quitada y que ha sido completamente perdonado por lo que ahora es santo. Hebreos 11-4 dice: “…el testimonio de Abel hoy es vigente…”


En lugar de que Abel esté triste, está feliz; en lugar de estar molesto está danzando y dando gloria a Dios por haber cambiado su estado y quitado toda su culpa.


La Biblia habla del Arca del Pacto, esta estaba en el lugar más profundo del tabernáculo de Dios. El arca del pacto era como una caja que contenía las tablas de la ley y encima de la caja estaba la misma presencia de Dios. Entonces, imagina los ojos de Dios mirando hacia adentro de la caja y lo que Él ve es la ley puesta sobre toda la humanidad y declarando todas las violaciones y desobediencias que el ser humano ha tenido.


Una vez al año el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo y rociaba la sangre del cordero sacrificado encima de la caja. ¿Puedes ver el tremendo simbolismo? Dios ve hacia adentro del arca y en lugar de ver el testimonio de la ley que acusa al ser humano, ve la sangre del cordero; en lugar de ver la declaración de juicio por la ley, ahora ve la declaración de perdón, ahora ve que hemos sido perdonados, ahora ve que somos santos.


Esta forma en que Dios ahora nos ve es un regalo, una herencia que nos ha sido dada a través del sacrificio de Jesús y es para ti.



¡Bienvenido a tu nuevo estado, ahora no tienes culpa y no volverás a sentirte mal contigo mismo nunca más!

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